Un solo latir
[...] Después me giré. Deseaba que me agarrase por el hombro, por la muñeca, que me retuviese, pero no lo hizo. No podía volver a nuestra casa con él, no así. Me lancé corriendo hacia un bosque cercano, sin mirar atrás; sin saber si sería capaz de aguantar su vacío un solo día más. Trepé los siete metros del ciclamor más alto y, viéndome sola, rompí a llorar, desconsolada. —Cuenta la leyenda —Tres palabras, su voz, y la vida volvía a tener esperanza. Eckhard trepaba por una liana hasta mí—, que, cuando Madre Tierra era aún muy joven, la viva naturaleza lo abarcaba todo. La vida impregnaba toda creación y la hacía crecer vigorosa —Hizo una plancha en la rama, caminó hasta mí y se sentó—. El agua más pura e infinitas especies de árboles, arbustos y plantas, de tierras y minerales, daban hogar y alimento a millones de especies de seres vivos. Todas escuchaban en su interior las canciones que Madre Tierra les cantaba. No había necesidad de luchar para sobrevivir, porque todos tenían c...