Kayah, la joven nativa americana protagonista, puede parecer exageradamente melodramática, pero cómo contarías tú sus aventuras y desventuras de haber llevado sus sandalias...
¡Zas, en toda la boca! Una, dos y hasta tres veces. Porque cada cual necesita un empujón a su medida para emprender el viaje de su vida… Puedes leer y/o descargar la muestra aquí Observación: Esta muestra no sirve para tener una idea clara de lo que resta. Tanto el tono como el ritmo, los escenarios y, sobre todo, los personajes, se despliegan. Insisto, estos capítulos tan sólo conforman el impulso (o empujón) que hace nacer el viaje de la protagonista; tanto el interior, como el que la llevará a través de medio mundo. Y es que, verás, esta aventura consta de… ¡40 capítulos! Cuarenta capítulos que, te lo prometo, van in crescendo en muuuchos aspectos.
¡Qué alegría escribirte y saberte leyéndome por aquí! Me encantaría decirte que este será un blog donde podrás encontrar un sinfín de artículos interesantes y enriquecedores sobre literatura, viajes y otras de las inclinaciones y movimientos que vigorizan mi corazón; de verdad que me encantaría. Pero lo dudo mucho. Cuidar de un blog para verlo crecer requiere mucho más tiempo y energía del que ocupa estudiar a otros autores, reflexionar sobre algún artículo, seleccionar pasajes atractivos, crear vínculos con otros bloggers… Y en honor a la verdad, pese a lo mucho que todo esto me atrae y enriquece, hoy, en este punto de mi camino, no cabe entre mis prioridades. Cuidar de un hijo y dos hijas, verlo y verlas crecer, requiere y merece una vida. Disfrutar de otros autores, reflexionar con las amistades, mejorar el escrito entre manos, cuidar las relaciones que nutren y darme a las prácticas que me entusiasman me sabe más cercano y ...
[...] Fue la última gota del veneno de las montañas, ese por el que, en caso de no morir en ellas, pereces si las alejas demasiado de tu vida. Emprendimos el regreso bajo un cielo atormentado. La cumbre desapareció ante nuestra mirada, que se volvía una y otra vez, devota, y temerosa de que no quisiese dejarnos ir. El viento se violentó y nos volvió peonzas en la tormenta. La escasa luz y la niebla anularon nuestros ojos, y el vendaval robaba a nuestros oídos los gritos con los que tratábamos de comunicarnos. Sin sombras de formas, ni eco alguno, nos fue imposible ubicarnos, de modo que, temerosos de caer por algún talud, nos guarecimos junto a unos peñascos nevados. Encajados con la roca, muertos de hambre y ateridos de frío bajo una capa creciente de nieve, pasamos la primera noche. Nos durmió el cansancio y nos despertó el instinto; queríamos salir con vida. Sacudimos las botas y la única manta que habíamos subido, caladas por la nieve y el húmedo manto ...
Comentarios
Publicar un comentario