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Un solo latir

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[...] Después me giré. Deseaba que me agarrase por el hombro, por la muñeca, que me retuviese, pero no lo hizo.  No podía volver a nuestra casa con él, no así. Me lancé corriendo hacia un bosque cercano, sin mirar atrás; sin saber si sería capaz de aguantar su vacío un solo día más. Trepé los siete metros del ciclamor más alto y, viéndome sola, rompí a llorar, desconsolada. —Cuenta la leyenda —Tres palabras, su voz, y la vida volvía a tener esperanza. Eckhard trepaba por una liana hasta mí—, que, cuando Madre Tierra era aún muy joven, la viva naturaleza lo abarcaba todo. La vida impregnaba toda creación y la hacía crecer vigorosa —Hizo una plancha en la rama, caminó hasta mí y se sentó—. El agua más pura e infinitas especies de árboles, arbustos y plantas, de tierras y minerales, daban hogar y alimento a millones de especies de seres vivos. Todas escuchaban en su interior las canciones que Madre Tierra les cantaba. No había necesidad de luchar para sobrevivir, porque todos tenían c...

Ovejas negras de sombra blanca

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[...] Fue la última gota del veneno de las montañas, ese por el que, en caso de no morir en ellas,  pereces si las alejas demasiado de tu vida. Emprendimos el regreso bajo un cielo atormentado.  La cumbre desapareció ante nuestra mirada, que se volvía una y otra vez, devota, y temerosa de que no quisiese dejarnos ir. El viento se violentó y nos volvió peonzas en la tormenta.  La escasa luz y la niebla anularon nuestros ojos, y el vendaval robaba a nuestros oídos los gritos con los que tratábamos de comunicarnos.  Sin sombras de formas, ni eco alguno, nos fue imposible ubicarnos, de modo que, temerosos de caer por algún talud, nos guarecimos junto a unos peñascos nevados.  Encajados con la roca, muertos de hambre y ateridos de frío bajo una capa creciente de nieve, pasamos la primera noche. Nos durmió el cansancio y nos despertó el instinto; queríamos salir con vida. Sacudimos las botas y la única manta que habíamos subido, caladas por la nieve y el húmedo manto ...

Intro

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Kayah, la joven nativa americana protagonista, puede parecer exageradamente melodramática, pero cómo contarías tú sus aventuras y desventuras de haber llevado sus sandalias... Es más, ¿podrías siquiera contarlas?

La cima más profunda

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Ha pasado una cuarentena   una sesentena desde el lanzamiento congelado de la novela "La cima más profunda", y, sin embargo, acabo de darme cuenta de que ni siquiera colgué aquí su cubierta. Siií... Yo y las tecnologías, las tecnologías y yo... Y para rematar, mi memoria. Aprovecho la entrada en la fase 1 de esta descalabrada desescalada hacia la nueva normalidad que tan poca normalidad promete para dar una buena noticia. Quiero informar de que a quien quiera un ejemplar ¡ya no le queda tanto por esperar! Los ejemplares impresos empiezan a circular. De mano a mano, con presencia. Pronto llegará el momento para reunirnos en las presentaciones de libro tan especiales que nos aguardan. Y después, después si el mundo sigue teniendo librerías allí me encontraréis Mi más sincero deseo de paz y bienestar.

1, 2 y 3... ¡Los tres primeros capítulos!

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¡Zas, en toda la boca!  Una, dos y hasta tres veces. Porque cada cual necesita un empujón a su medida para emprender el viaje de su vida… Puedes leer y/o descargar la muestra  aquí Observación: Esta muestra no sirve para tener una idea clara de lo que resta. Tanto el tono como el ritmo, los escenarios y, sobre todo, los personajes, se despliegan. Insisto, estos capítulos tan sólo conforman el impulso (o empujón) que hace nacer el viaje de la protagonista; tanto el interior, como el que la llevará a través de medio mundo. Y es que, verás, esta aventura consta de… ¡40 capítulos! Cuarenta capítulos que, te lo prometo, van in crescendo en muuuchos aspectos.

Bienvenida

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¡Qué alegría escribirte y saberte leyéndome por aquí! Me encantaría decirte que este será un blog donde podrás encontrar un sinfín de artículos interesantes y enriquecedores sobre literatura, viajes y otras de las inclinaciones y  movimientos que vigorizan mi corazón; de verdad que me encantaría. Pero lo dudo mucho. Cuidar de un blog para verlo crecer requiere mucho más tiempo y energía del que ocupa estudiar a otros autores, reflexionar sobre algún artículo, seleccionar pasajes atractivos, crear  vínculos con otros bloggers… Y en honor a la verdad, pese a lo mucho que todo esto me atrae y  enriquece, hoy, en este punto de mi camino, no cabe entre mis prioridades. Cuidar de un hijo y dos hijas, verlo y verlas crecer, requiere y merece una vida. Disfrutar de  otros autores, reflexionar con las amistades, mejorar el escrito entre manos, cuidar las  relaciones que nutren y darme a las prácticas que me entusiasman me sabe más cercano y ...